martes, 24 de octubre de 2017

A Vicien Fanfic - Capítulo 9



Sid's POV



Paul. Maldito y bendito Paul. Sí, ambas cosas a la vez. Él había detenido eso justo en el momento en que yo empezaba a pensar en hacer cosas que iban más allá de la lógica con Johnny, y eso me alegraba, porque me sentía totalmente fuera de control. Pero, a la vez, me jodía. Seguía con ganas de John, seguía con ganas de volver a probar sus labios húmedos y seguía con ganas de volver a enredar mi lengua con la suya... "Miera, Sid, eres un pervertido asqueroso". Y sí, lo era, aunque hasta ahora solo lo había sido con Nancy, y estaba bien porque Nancy solo era una mujer. Pero Johnny era mi amigo, mi hermano, el cantante e mi grupo y, ante todo, un hombre. Un hombre que revolucionaba totalmente mi interior y que me volvía loco, pero al fin y al cabo un hombre.
No me había dado cuenta de que caminaba raro hasta que Paul preguntó si nos habían metido un pepino por el culo. Yo dejé escapar una risita y Johnny tragó saliva y puso cara de loco, lo cual me dejó bastante tranquilo, pues ese gesto era habitual en él.
-¿Un pepino? ¿No se te ocurría nada más original, Paul? -le contesté riendo.
-Bueno, en verdad lo que le pasara a tu culo me importa poco, Sidney. Aunque, por lo que veo, has hecho enfadar a alguien.
Me llevé la mano al labio al instante y vi que de la pequeña herida que tenía todavía salía sangre. Miré a Johnny de reojo, pero él apartó la mirada en seguida como el que no quiere la cosa. Me reí de nuevo y suspiré.
-No recuerdo haberme pegado con nadie... -mascullé.
-Pues tu labio dice lo contrario. ¡Debíais ir hasta el culo anoche! De verdad que no entiendo por qué nunca hacéis cosas así con el resto del grupo. Sería divertido, cabrones.
-Que te den, Paul, sois unos aburridos y no aguantáis una mierda.
Se me hizo raro oír hablar a Johnny entre risas, pues hasta ahora le había visto bastante tenso. aunque, sinceramente, oír su voz fue como un chute de adrenalina.
-Sois unos creídos de mierda.
-¡A nuestra salud! -levanté el brazo como si tuviera una cerveza en ella y fingñi beber de esa botella imaginaria.
Paul ladeó la cabeza y abrió la puerta del local, pues ya habíamos llegado.
Allí, Steve nos miraba con cara de cabreo fingido y Nancy estaba de pie con los brazos cruzados, como si estuviera preocupada por algo. Yo resoplé y me acerqué a ella.
-Vamos a empezar en media hora, cuando llegue McLaren -anunció Steve.
Johnny se sentó en una silla como de despacho que había por ahí y se puso a jugar con un molinillo de viento de juguete que había por ahí. Yo sentía que no podía apartar la mirada de él, como si de repente tuviera la necesidad de seguir cada uno de sus movimientos.
-Oye, Sid, ven conmigo.
Nancy tiró de mi brazo y no pude zafarme. Etré en una de las habitaciones del local bajo la atenta mirada de Johnny, quien ladeó los ojos poco después, como si le diéramos asco. Pero en verdad necesitaba echar un polvo, estaba empalmado todavía y no era de masturbarme. Pero yo no quería hacerlo con Nancy. Estaba cansado de Nancy.
Aún así, nos estiramos en una especie de sofá y ella me rodeó la cintura con las piernas. Si hacía eso, claro, Little Sid se ponía contentillo. Antes de que pudiera darme cuenta, estábamos follando. Nancy era ruidosa y ponía caras raras cuando hacía cosas que le gustaban. Ya me había cansado, y mucho, del sexo con ella. Siempre era lo mismo, siempre. Menudo asco.
Salí de aquella habitación amargado. Ni siquiera había esperado a llegar al orgasmo, solo había salido y ya. Ya lo tenía claro, no quería nada más de Nancy.
-Sid, sí que has acabado rápido hoy.
Le metí un puñetazo en la boca a Steve, estaba cabreado y su comentario no me ayudó.
-¡Sidney! -protestó Paul.
Johnny solo se quedó mirando la escena y, lentamente, se puso de pie y me siguió afuera. Yo encendí un cigarrillo y fumé como un maldito histérico. Estaba de los nervios.
-Es la primera vez que le pegas a alguien, Sid. ¿De qué coño vas? Encima a Steve... No es que le defienda, pero no tenías por qué hacer...
-¡Cállate, joder! -grité- En parte esto es tu maldita culpa, así que cállate la puta boca.
Se quedó mirándome con los ojos abiertos, muy abiertos, y yo cerré los míos. Recé a alguien para que no se hubiera dado cuenta de lo que había dicho, del sentido de esas palabras.
-¿Yo tengo... la culpa? -murmuró.
Apreté los puños y me dejé caer al suelo. Maldije en mi interior y resoplé. Culpa mía por pensar que Johnny era tonto. Ahora tendríamos otra de nuestras malditas charlas sin sentido...


-Sid, explícame de qué va esto, todo esto.
Me llevé las manos a la cabeza y tiré de mi pelo.
-Joder, no lo sé John. No tengo ni idea. Es que... Ya no quiero a Nancy. Ya no quiero nada de ella, ni siquiera me gusta tener sexo con ella. Es que... Me da asco, joder. Pero siento que si la saco de mi vida, luego la echaré de menos porque no encontraré a nadie como ella... No sé, Johnny, ayúdame. ¿Qué puedo hacer?
Le miré, suplicante. Esperaba haber podido cambiar de tema y que él dejara aparte eso de que 'él tenía la culpa'.
Se sentó a mi lado y se rodeó las rodillas con los brazos. Yo ni siquiera pensaba en el frío, pero en verdad la temperatura seguía siendo insoportable.
-Bueno, Sidney, ¿qué quieres que te diga? Sabes mi opinión, y te dije que no quería volver a hablar de esto... -suspiró- En fin, no sé. Solo dile que ya no la quieres, y punto, todo de puta madre. Que se vaya, ya encontrarás a otra persona con quien follar.
Una luz se encendió de golpe en mi cabeza. No como si se me hubiera ocurrido una idea, ya que eso pasaba pocas veces en verdad, era más bien una lucecita de esperanza. Tal vez Johnny... ¡Oh, por Dios, no! ¡¿Un hombre con otro teniendo sexo?! ¡No!
Me puse de pie de golpe y empecé a dar vueltas arriba y abajo con los brazos cruzados sobre el pecho.
-Johnny, lo que hemos hecho hoy ahí me ha dejado con tantas dudas... -confesé.
Ni siquiera quería decirlo, pero las palabras salieron de mi boca sin que yo pudiera controlarlas. Estaba acostumbrado a decir siempre lo que pensaba, fuera lo que fuera, que ya lo hacía sin darme cuenta. Aunque, en esa ocasión, lo que pensaba podía ser demasiado obsceno para decirlo delante del propio Johnny.
-Te recuerdo que lo has hecho tú, Sid.
Por primera vez en mucho tiempo, vi seriedad en sus ojos. Seriedad mezclada con algo de molestia.
-Pero es que puede traernos tantos problemas... ¡Somos hombres! -exclamé por lo bajo, pues tampoco quería que los de allí dentro nos oyeran.
-¿Y? -se limitó a decir.
No pude rebatir eso. Una lógica tan asquerosamente simple era aplastante a su vez, y aunque eso me exasperaba, tuve que contener las ganas de romper algo.
-Joder, Johnny... -me arrodillé justo delante de él y apoyé las manos en sus rodillas- Dime qué hacer, qué podemos hacer, qué...
Ni siquiera sabía qué preguntar, solo estaba desesperado por encontrar una solución a todas esas dudas que reinaban en mi interior y me estaban matando por dentro.
-¿Pero cuál es tu problema? ¿Lo que hicimos? Si tanto te repugna, no te preocupes, que por mi parte no se va a repetir.
Pude ver en sus ojos algo de molestia y decepción, incluso vi cómo se enorjecían levemente. ¿Iba a llorar? ¿Johnny Rotten iba a llorar? Y, lo más raro, ¿por qué tenía la sensación de que si él lloraba yo también lloraría?
No me di cuenta de cuando mi mano se acercó a su mejilla y la acarició suavemente, solo sé que pasó.
-No es que sea eso, joder... Yo solo...
Ni siquiera acabé la frase. En cuanto me vi envuelto en su mirada, me sentí completamente atrapado. Y antes de darme cuenta, mis labios estaban otra vez sobre los suyos. Su boca estaba reseca por el frío, pero en seguida se volvió húmeda a causa de mi beso. Era tan dulce, era tan agradabla besar a Johnny... Su lengua encajaba a la perfección con la mía, los mordiscos que dejaba en mis labios eran tan excitantes... En nada aquel besó se llenó de ansias y de pasión, como si necesitáramos comernos el uno al otro, como si en lugar de a las drogas fuéramos adictos el uno al otro. No podía parar, no quería parar, quería tenerlo todo de Johnny, y cuando decía todo... Me refería a todo...

-Eme-

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