martes, 24 de octubre de 2017

A Vicien Fanfic, Capítulo 18 - Pride



Johnny's POV


La puerta se cerró tras de mí, cerrando a su vez un hermoso pero doloroso capítulo de mi vida el cual, ingenuo de mí, creí que estaba zanjando para siempre.
Comencé a caminar cual muerto en vida, con la sensación de que junto con ese capítulo se desvanecía también todo aquello que yo era, pero con una nueva y reafirmada seguridad en mí mismo ya que creía estar haciendo lo correcto. 
No pensaba que las cosas fueran a ir mejor, de hecho, era incapaz de imaginar un futuro más allá del preciso y exacto presente, ya que se me presentaba como un borrón sin forma. Era incapaz de pensar con claridad. Lo único que tenía claro era que estaba tomando la decisión correcta. O, al menos, eso creía en ese momento.
Aún podía oír a Sid gritando mi nombre como un eco incesante en mi cabeza. Ya no podía retener las lágrimas, y aunque era excepcional en mí, en esa situación las dejé correr libres, y las tomé como el punto y final de ese ensueño enmarañado que viví las últimas semanas. Y que no pensaba volver a repetir. Ni si quiera sabía si eso significaba que no volvería a ver a Sid jamás. O a Paul, o a Steve. No sabía exactamente qué iba a hacer, me sentía seguro de mi decisión pero no tanto sobre a dónde me llevaría ésta.

Empecé la marcha, con parsimonia, como si mi cuerpo pesara una tonelada y llevara el peso del mundo sobre mis hombros. Mi agonía me empujaba hacia el suelo, incapaz de levantar cabeza, pero a su vez en cierto modo me sentía liberado. Porque sentía que había liberado a Sid, y eso era lo que importaba.
No sé quién empezó todo esto, pero ahora mismo eso era lo de menos porque fui yo quien lo acabó. Ahora sabía que, sin lugar a dudas, amaba a Sid. Y que probablemente lo había hecho siempre. Pero hasta la noche del primer beso no se habían desatado con esta furia dichos sentimientos, sumiéndonos en ese bucle de confusión y desesperación que sabía que terminaría distanciándonos, porque Sid no me amaba, ¿cómo iba a amarme? Simplemente es un chaval influenciable y confundido con todo en general, y yo le metí ideas equivocadas en la cabeza por mis sentimientos egoístas, correspondiéndole cuando me besaba, porque le deseaba, deseaba todo su ser, desde su físico hasta su mismísima alma, y me costaba reprimirme. Pero él sin embargo... Probablemente esté hecho un lío, porque Nancy ya no le daba lo que necesitaba, y yo era lo más cercano al "amor" que tenía, y se dejó llevar. Y antes de que me odiara, o peor, se odiara a sí mismo por dejarse llevar por una confusión, yo debía dejarle antes de hacerle más daño, a él, al grupo, a mí mismo, e incluso a Nancy. 
Sí, había tomado la decisión correcta... ¿Verdad?...

Seguía deambulando por las oscuras y congeladas calles de Londres, por primera vez en mi vida dejándome llevar por la corriente, en medio del montón de gente que caminaba con prisas, como asustados de la lluvia, y con ganas de llegar a sus hogares a continuar con sus monótonas vidas. Yo, sin embargo, no tenía un rumbo fijo, y ni si quiera sabía qué iba a hacer a continuación con mi decisión. Sólo podía seguir caminando, intentando olvidar, intentando convencerme de que huir era la mejor opción. Pero... huir, ¿a dónde? ¿De qué? Si pese a estar haciéndolo, todo aquello que pretendía dejar atrás se repetía en mi cabeza como una película, la imagen de Sid se repetía en bucle en mi mente, martilleándome, haciéndome notar de nuevo los latidos de mi corazón que, por un momento, cuando lo dejé en ese mugriento sofá parecían haberse parado para siempre. Acompañados de un punzante pinchazo de dolor que parecía provenir de lo más profundo de mi alma, porque no era una clase de dolor físico, pero era más intenso y doloroso que cualquier dolor físico que haya experimentado en mi vida.

Las lágrimas seguían cayendo silenciosamente, resbalando en mis mejillas y confundiéndose con la lluvia. Todo lo que podía hacer era repetirme a mí mismo que hacía lo correcto. Que Sid no me amaba. Que debía desaparecer. Ya pensaría más adelante en quién soy, porque parecía haberlo olvidado por completo. Todo lo que soy es él, lo que él me hace sentir, y por eso debo huir, porque no puedo meterle en mis líos mentales, porque antes de perdernos nosotros y lo que fuimos, es mejor que me pierda yo... ¿O no?... ¿Y si él también me amara?...
No, Johnny, eso es ridículo.
De repente noté un fuerte empujón que me hizo caer de bruces al mojado suelo.Una fuerza me tenía abrazada por el pecho, el cual me empezó a temblar, volteé para confirmar mis sospechas. Era Sid.
-¿Qué cojones...?-Espeté.
El moreno levantó la vista al notar mi movimiento. Sus oscuros ojos estaban llenos de lágrimas. Su mirada, de súplica y desesperación. Por un momento noté un calor en mi estómago, y mis ojos se abrieron con sorpresa, sin dejar de mirar los suyos. Podía sentir lo que esa mirada me decía a gritos silenciosos, podía sentir que él sentía lo mismo que yo. Desesperación. Dolor. Amor.
¿Amor?
...
¿Sid me amaba?
Y entonces habló.
-John, no puedes irte así, no puedo perderte. Te quiero, Johnny Rotten. Te quiero, joder.
Al pronunciar la última palabra empezó a sollozar, dejando todo salir, y a su vez rompí a llorar también yo.
Me giré como pude quedando de espaldas al suelo para poder devolverle el abrazo y, sin mediar palabra, le atraje con desespero hacia mí, llorando como una nena, abrazándolo como si nuestros cuerpos fueran a fundirse en uno, y entre llantos le respondí.
-Te quiero Sid, te quiero, te quiero, te quiero...
Mi voz quebrada. Su agarre se volvió más fuerte, como respuesta a la mía, reafirmando lo que acababa de confesarme.
Nos quedamos en medio del bullicio nocturno, abrazados en el suelo, lloriqueando y sin decir nada lo que pareció una eternidad. Pero jamás me había sentido tan liberado. Jamás me había sentido tan completo. Jamás me había sentido tan bien como en aquél momento, presa de ese cálido agarre, pese a que la temperatura en la calle fuera inaguantable. La gente nos miraba y seguía de largo. Algunos nos gritaron que nos quitáramos del medio, pero en ese momento nada nos importaba. Lo único importante era que nos teníamos el uno al otro. Y por un instante todo estaba claro, todo parecía perfecto. Pero... ¿Qué iba a ser de nosotros ahora?
¿Qué pasaría a continuación con nuestra relación?
-No vuelvas a irte jamás...-Me dijo Sid con cariño y desesperación en su voz.
-No lo haré.- Le dije acariciando su mojado y enmarañado pelo.
Finalmente nos levantamos del helado suelo de la calle, ayudándonos mutuamente, para quedarnos el uno frente al otro escrutándonos con la mirada, sin mediar palabra, sonriendo con algo de vergüenza. Creo que ambos nos preguntábamos cómo reaccionar a continuación.
Entonces oímos a alguien gritar "MARICONAS!" hacia nuestra dirección. Por un momento se me paró el corazón. ¿Nos habían descubierto? Pero en ese momento vimos a Paul y Steve aproximándose a nuestra posición. Me sentí aliviado. No creo que hubieran visto nada, simplemente estaban haciendo el capullo.
-¿Ya habéis arreglado las cosas?-Dijo Paul con un tono de embriaguez.
-Eso nenazas. ¿Ya ha habido polvo de reconciliación?-Le siguió Steve, con una litrona en la mano y claramente borracho.
Sentí mis mejillas sonrojarse al recordar el tacto de Sid en todos aquellos momentos eróticos que habíamos vivido, le miré de reojo para ver que el comentario también le había puesto un poco nervioso.
-Paul, Steve, siento..-Comencé, pero Paul me cortó.
-Calla capullo, está olvidado. ¿Vais a comportaros como músicos incivilizados de una jodida vez?
Sonreí, y pude ver que Sid también. Me alegraba de ver que el grupo seguía en pie, y que Steve y Paul no iban a interrogarnos por nuestro comportamiento. Agradecía que todos fuéramos tan buenos amigos y que hubieran vuelto no sólo por el amor al grupo, sino porque aquellos dos cabeza huecas también se preocupaban por nosotros. Al fin y al cabo no sólo éramos un grupo de amigos. Éramos una familia.
-Desde luego cabronazos, los Sex Pistols están más vivos que nunca.-Dijo Sid con el semblante lleno de felicidad, como revitalizado.
-¡Pues salgamos de fiesta hijos de puta! ¡Vamos a quemar la jodida ciudad!-Steve nos cogió de los hombros a Sid y a mi reanudando la marcha. Paul iba a nuestro lado. Me estaba mirando intensamente, como intentando decirme algo y a su vez, pretendiendo que yo le dijera algo. Imagino que en cualquier momento de la noche se acercaría a interrogarnos a alguno de los dos. Era el más intuitivo del grupo, y también el más paternal, después de los numeritos que habíamos montado estaba seguro de que vendría a echarnos el sermón y a intentar descubrir si estábamos bien y qué nos estaba pasando.
Steve llevaba el liderazgo, guiándonos hasta que encontramos una callejuela llena de locales de fiesta. Era conocida por ser la zona donde los gays y los travestis salían a bailar.
-¡Mirad chicos! ¡Fiu fiuuu!-Silvó Steve fijando su mirada en dos travestis, en modo de burla.-Vamos a quedarnos aquí, decidido, ¡vamos a hacer que estas mariconas se lo pasen bien!
Mierda Steve. No podrías haber elegido un sitio peor. Ahora que empiezo a plantearme si mis sentimientos son a causa de una sexualidad que jamás me había planteado, ya que jamás me planteé ninguna sexualidad en sí, y ahora que sé que deseo a un hombre... ¿¡Nos tienes que traer al sitio más gay de la puta ciudad!?
Paul y Steve estaban encantados con la idea, no éramos homófobos, así que sabía que no la liarían más allá de hacer un poco el capullo e incordiar a algún travestido. Sid sin embargo parecía sentirse tan incómodo como yo con la situación.
Los chicos decidieron entrar a un local en el que estaban poniendo jodida música disco a toda leche. De verdad, luego Steve y Paul se preguntan por qué no salimos con ellos, pero es que su sentido de "diversión" es una mierda. Al menos habría buena droga...
Sid y yo nos quedamos vacilando en la puerta, nos dirijimos una mirada insegura.
-Bueno, ¿vais a entrar o no? ¿Tenéis miedo de que os metan mano nenazas?-Dijo Steve vacilándonos entre risas.
Qué remedio. Entramos en el cutre local.
-Cat-

No hay comentarios:

Publicar un comentario