Sid's POV
Todo pasó tal vez demasiado rápido. Maldije interiormente a mi sistema nervioso por no dejarme reaccionar ni siquiera a esas alturas, cuando Johnny ya hacía un buen rato que se había ido. Sentí una especie de escocor en la nariz y me empezó a picar, y antes de darme cuenta, mis ojos estaban húmedos. Rápidamente, y como si las lágrimas fueran de lejía y me estuvieran dejando ciego, me pasé la manga por la cara y me las sequé. Más que nada, tratando de evitar empezar a llorar, porque, ¿qué clase de hombre llora por otro hombre? Yo no podía llorar por Johnny. Él solo había hecho lo que yo no tenía cojones de hacer: acabar esa gilipollez. Porque no, no podíamos besarnos, ni desearnos, ni tener nada.
Pero... A esas alturas, ¿podía yo ya permitirme tratar de engañarme a mí mismo de esa manera? Porque a mí me gustaba Johnny. Porque sentía un asqueroso y fascinante deseo hacia él que llevaba demasiado tiempo reprimiendo. Estaba cansado de fingir, necesitaba decírselo a la cara.
Pero mi cuerpo no parecía reaccionar. Seguía sentado en el suelo, como en estado de shock. Y no era que tuviera mucho tiempo que perder, porque tendría que buscar a ese problemático pelirrojo y hablar con él. Al menos, no iba a permitir que aquello que nacía en mi cuerpo destrozara mi amistad fraternal con él. Me negaba, me egaba por completo y en rotundo.
Así que me obligué a levantarme, y lo conseguí, aunque no sin esfuerzo. Empecé a caminar por los sitios que solía frecuentar Johnny: fui a la mayoría de barez de la zona, pero no estaba; fui a los callejones donde pillábamos droga, pero tampoco apareció por ahí. Cuando ya empezaba a estar cansado y desesperado, recordé su piso y me sentí imbécil por no haber pensado antes que podría estar ahí.
Me puse a correr tanto como mi cuerpo me permitía, y el frío que hacía se me clavaba en los ojos como si se tratara de pequeñas agujas que pretendían hacerme llorar. ¡Como si no me bastaran ya las razones que tenía para llorar! Si no lo hacía, era porque me parecía algo inútil y un gesto de debilidad.
Llegué a su casa, por fin, sin aliento a penas. Sin embargo, tardé aún un buen rato hasta que me decidí a llamar a la puerta. Estaba seguro de que mi aspecto debía ser más horrible aún de lo habitual, porque me sentía agotado y bastante hecho polvo. Pero, bueno, eso era lo de menos. No pretendía gustarle a Johnny, solo... Yo solo quería no perderle, joder.
Por fin llamé a la puerta con decisión.
-Johnny... -su nombre me salió sin pensar, apenas me di cuenta de haberlo pronunciado.
Pero la espera se me hizo tan pesada y tan estresante que noté que las lágrimas y el escocor en la nariz volvían a mí. Y, justo cuando estaba intentando secarlas, Johnny abrió la puerta.
Me quedé parado, mirándole, como si me hubieran petrificado al momento. Ni siquiera pude separar la mano de mi ojo; ni siquiera pude parpadear. Johnny tenía carita de dormido, parecía haber tenido un sueño movido porque estaba muy despeinado y tenía algo de mala cara.
Por un momento, todas las posibilidades se pasaron por mi cabeza. Un milisegundo nada más en que pensé que él podía no querer verme, que si se había ido había sido por algo, que tal vez no debería haber ido a su casa después de que él me rechazara por completo. Entonces, me sentí tan estúpido, que hasta pensé en dar media vuelta e irme.
Pero, justo cuando yo sentía que no merecía la pena secarme las putas lágrimas, ya que sentía que iba a echarme a llorar como un crío en el suelo, Johnny me abrazó de golpe. Fue tal la fuerza con que lo hizo, que acabamos los dos en el suelo, y él entre mis largas piernas. Yo estaba que no me lo creía, porque nunca hubiera imaginado esa reacción por su parte.
Le abracé con fuerza, le apreté entre mis brazos como si no le hubiera visto en años. Pasé la mano numerosas veces por su pelo enmarañado, agradeciendo el tacto, como si lo echara de menos (que en verdad lo hacía).
Entonces se separó de mi pecho y me miró directamente a los ojos, acercando lentamente su cara a la mía y acabando por juntar nuestras frentes. Yo tragué saliva, pues su simple proximidad me ponía los pelos de punta.
-Sid... -susurró mi nombre en un suspiro, lo cual me puso todavía más- No sé qué estamos haciendo, pero no quiero pararlo.
Coloqué mis manos en sus mejillas y le acaricié levemente con el pulgar. Me relamí los labios y asentí levemente.
-Yo tampoco.
Y estampé nuevamente mis labios sobre los suyos, con necesidad, con ansias, con ganas de él. Esta vez me devolvió el beso, y empezó a morderme de nuevo, como hacía cada vez que me besaba. Empecé a preguntarme cómo había podido tardar tantísimo tiempo en darme cuenta de lo que me gustaba Johnny. Pero, ¿qué podía haberle hecho cambiar de idea? Tal vez hubiera estado pensando como yo, tal vez él también pensara en mí, tal vez... Dios, tal vez sintiera algo por Johnny. Porque no era normal sentir que se me salía el corazón del pecho cada vez que él me rozaba. No era normal ansiarle como le ansiaba. No era normal depender de él. Y, sin embargo, yo lo hacía.
Estaba claro que aún me quedaban cosas por aprender de mí mismo, pero no iba a hacerlo en ese momento.
En ese momento, solo importábamos Johnny y yo. Solo importaba las ganas que le tenía y lo que estaba creciendo en mi entrepierna. Lentamente, Johnny me cogió de la camiseta y tiró de mí para que nos metiéramos en su apartamento, pues estábamos todavía en el rellano de su piso.
Era curioso, porque solo nos separábamos cuando requeríamos un movimiento complicado, y en esos momentos nos quedábamos mirándonos a los ojos como si nos fuera la vida en ello.
Al final, acabé tumbado sobre el sofá de Johnny. Bueno, mejor dicho, sobre Johnny directamente. Deslicé mis manos por debajo de su camiseta inconscientemente, acariciando suavemente su torso y haciendo un ademán de quitarle la maldita camiseta que tanto me molestaba entonces.
Poco a poco, llegó la tarde. Veía de vez en cuando el color anaranjado del cielo cuando abría los ojos para observar a Johnny. No llegamos a hacer nada más porno que lo que estuvimos haciendo toda la tarde, pero sentía que no nos cansábamos de besarnos y acariciarnos.
Al final caímos rendidos, agitados y agotados por todas las emociones del día. Me di la vuelta y dejé que él se durmiera encima de mí, tapándonos a ambos con una manta vieja. En verdad, la escena debía parecer de lo más digna de una foto, pero eso a mí me la jodía completamente. Yo quería a Johnny, estaba enamorado de él. Eso sí, nadie, hasta dentro de mucho, mucho tiempo, iba a saber eso.
-Eme-

No hay comentarios:
Publicar un comentario