viernes, 24 de noviembre de 2017

A Vicien Fanfic Vol. II, Capítulo 2 - Gimme Danger




Johnny's POV


Vacilé por unos instantes junto a Sid, mirándonos fijamente, sin saber muy bien qué decir, hasta que finalmente entramos al local. Era un lugar aparentemente pequeño, que se iba ensanchando hacia el fondo. Observé con detenimiento mi entorno, estaba abarrotado, la música disco resonaba en mi cabeza, una gran variedad de hombres en plataformas, pantalones acampanados, permanentes mal hechas, y entre ellos, un buen par de travestidos. Era una escena de lo más obscena y aborrecible. Dios, cómo odiaba estar ahí.

Seguimos a Steve y Paul a los lavabos, donde Steve sacó una bolsita con coca. No sabía muy bien qué iba a depararnos la noche, de hecho aún no entendía bien qué coño hacíamos en ese lugar. La idea de diversión de aquellos dos era bastante poco apetecible para Sid y para mí, por no hablar de que hacía menos de una hora nos habíamos confesado que nos queríamos como dos nenazas. Dios, jamás me habría imaginado que llegaría a vivir una situación así. Ni si quiera con una mujer, menos aún con un hombre, y lo último que quería era comerme la puta cabeza con eso en un tugurio lleno de maricas. 
Steve se metió la primera raya, a lo cuál le siguió Sid, quien se la esnifó como si le fuera la vida en ello. Simpre tuvo predilección por las drogas, y no sabía vivir sin ellas. Me miró con los ojos entrecerrados mientras se rascaba la nariz. Le respondí con los ojos abiertos como platos, ya que aún estaba asimilando la situación de lo que acabábamos de vivir, y pese a que era el único que sabía comportarse ante un personaje como Sid, ya que pocos le entendían o le soportaban, en esos momentos ni si quiera yo sabía cómo dirigirme a él. ¿Qué se supone que debía decirle, o hacer con él después de tal confesión? Me tendió el material y fui el siguiente en meterme una.  Lo hice sin pestañear, en esos momentos cualquier tipo de droga para evadirme se me antojaba salvajemente. Volví a posar mi mirada en él, quien me miraba tan o más confuso que yo. Se estaba tirando del pelo, pensativo, mientras yo no dejaba de analizar sus movimientos, sin quitar mi profunda mirada de la suya. Hizo ademán de acercarse a mí, cuando Steve, que acababa de echar una meada se nos acercó cogiéndonos de nuevo por el cuello.
-Vamos a tomarnos unas pintas, maricones.- La última palabra revolvió mi estómago. Por un momento había olvidado que nos encontrábamos en un bar gay, justo después de haber aceptado, después de unas semanas de lucha contra mis sentimientos, que definitivamente sentía algo más que amistad por Sid. Y aún no tenía claro qué significaba eso. ¿Era maricón? ¿O Sid era la única excepción? Al fin y al cabo nunca había tenido sentimientos ni si quiera sexuales por nadie. Ni hombre ni mujer. Sin embargo Sid, desde que apareció en mi vida, fue el único que consiguió encender mi chispa. Desde críos sentía un gran afecto hacia él. Y, bueno, desde que apareció Nancy en la ecuación empecé a tener estos jodidos sentimientos que había terminado por achacar al "amor", si es que ese jodido sentimiento si quiera existe.
No podía negarlo. Cuando les veía juntos una ira se acumulaba en mi pecho. Siempre pensé que era por el odio que sentía hacia esa yonqui de mierda. Pero a medida que por la banda Sid y yo nos volvimos más cercanos me di cuenta de que esos sentimientos tan diversos se acumulaban en mi ser aún cuando esa desgraciada estaba lejos. Dios. cómo me odiaba a mí mismo en este momento. ¿Por qué ese gilipollas inútil tenía que despertar tantas cosas en mí? Yo siempre fui un chico sensible, pero bastante me había costado forjarme mi coraza y aparentar lo contrario como para que viniera él con su aura de amabilidad e inseguridad para romper mis esquemas en pedazos. Solo quería romper con todo aquello, rebobinar y volver atrás, antes de que nada de todo aquello hubiese ocurrido. Y Dios, estuve tan cerca de mandarlo todo a la mierda por él. Los Sex Pistols eran lo único que daban sentido a mi vida en ese momento, no podía permitirme perder algo con una causa mucho más grande que lo que yo llevara adentro por sentirme confundido y desesperado por algo que aún desconocía. Sólo estaba seguro de que ahí estaban esos sentimientos, azotándome, haciéndome temblar siempre que le tenía cerca. 
Me alegraba de que Sid hubiera vuelto a por mi, y coño, claro que me alegraba que me hubiera dicho que me quería, pero no es algo que fuera a admitir, y esta situación no podía seguir. Ahora que la droga azotaba mi mente, me empezaba a dar cuenta de todo lo que había estado a punto de perder por los estúpidos sentimientos. Debía mantenerme firme en la decisión que estuve a punto de tomar, al menos en lo que concierne a Sid. No sé qué cojones le estará pasando por la cabeza. Pero es imposible que quiera a alguien como yo. Solo es un pobre chaval que se siente perdido, que no sabe cuál es su lugar en el mundo, y yo soy lo único estable que ha tenido nunca. Puede que yo sí que le quisiera, pero desde luego él a mí no. No podía hacerle creer que me quería por mis sentimientos egoístas, y a partir de ahora me iba a esforzar por olvidar dichos sentimientos e ignorar que algún día existieron. Por más que le duela a Sid. Porque él no se conoce como le conozco yo. Y sólo es un crío confuso con carencias afectivas. No podía permitir que este lío acabara con los Sex Pistols, y con mi cordura por el camino.

Cuando llegamos a la barra, Steve se acercó a mi. Por primera vez en lo que llevábamos de noche parecía serio. 
-Tío, tengo que hablar muy en serio contigo sobre el grupo.-Sabía que este momento llegaría. Paul era el más paternal del grupo, pero al fin y al cabo siempre se guiaba por las opiniones de Steve, así que era de esperar que ese capullo me echara un sermón.
-No se qué coño os pasa a ese inútil de Vicious y a ti últimamente, pero acabamos de firmar con A&M, tenemos una oportunidad cojonuda, estamos a punto de grabar "God Save the Queen"  y metimos en el grupo a tu estúpido amigo porque según Malcom y tú así las cosas nos irían mejor. ¿Vas a echarlo todo a perder con ese estúpido comportamiento "punk", destrozando nuestra sala de ensayos, no viniendo a ensayar por estar metiéndoos vete tú a saber qué? Tenemos la grabación del sencillo mañana, y por un momento después del numerito de esta tarde Paul y yo nos estábamos planteando si hablar con Malcom para echaros a la puta calle. Pero al fin y al cabo el grupo no sería nada sin ti. Aunque ese crío sin embargo...- Me enervaba que hablaran mal de Sid, me hacía hervir la sangre. Vale que yo era el primero en opinar que era un drogadicto pringado que además no podía acertar ni una puta nota, pero de ahí a que lo tildaran los demás de inútil y estúpido... Por ahí no pasaba. Siempre fui muy sobreprotector con Sid, al fin y al cabo era un año mayor que él, y siempre le vi como un hermano pequeño.
-Tío, empiezas a hablar como el jodido Glenn. Sid es una buena contribución a la banda, a la gente le encantan los espectáculos que montaba como espectador, además conoce la banda desde sus inicios. No pienso tolerar que vuelvas a hablar mal de él.
-Pues o le dices a tu puto novio que se tome las cosas en serio, o Paul y yo nos marchamos, y lo digo en serio.
-Y tú deberías dejar que tu jodido novio tome sus propias decisiones por una jodida vez.-Pude ver cómo la ira teñía sus ojos, e hizo ademán de saltarme encima, pero se controló a sí mismo. Me daba igual meterme en una pelea con él, y más en esos momentos en los que los efectos de la coca estaban en su auge y perdía el sentido de mi propio ser, ya que yo no era violento, pero, ¿provocador? El que más. Aún así, muy a mi pesar Steve tenía razón. Mañana teníamos grabación, y con todo lo que había sucedido, Sid y yo no habíamos sido los mejores integrantes. Ya estaba hasta los cojones de que la situación con Sid me hiciera perder el tiempo en subidas y bajadas emocionales que no me traían más que dolores de cabeza. Y hablando de dolores de cabeza, esa jodida música me tenía hasta los nervios. Necesitaba salir a tomar el aire antes de partirle la cara a alguno de los maricones que se me empezaban a insinuar atosigantes mientras terminaba mi pinta apoyado en la barra. Salí con decisión, abriéndome camino a codazos. Había perdido de vista a Sid, probablemente me lo encontraría afuera, huyendo de ese asqueroso local como estaba haciendo yo. Era buen momento para hablar sobre el grupo, y así de paso, evadir la conversación sobre "sentimientos" que parecía tener que ocurrir en cualquier momento. Pero eso se acabó. O al menos parecía muy seguro de ello.

Una vez fuera el característico frío invernal azotó mi cara, provocándome un escalofrio. Me froté las manos y procedí a coger un cigarrillo. Viré la cabeza levemente para encontrarme a Sid en una esquina hablando con una rubia. No me jodas. Nancy estaba ahí. ¿Cómo coño nos había encontrado en esa parte de la ciudad? Otra vez esa familiar ira se apropió de mi cuerpo, naciendo en mi estómago para instalarse en mi pecho. Me sentía arder. Tenía ganas de acercarme y echarla a puñetazos. Era otro de los motivos por el que las cosas estaban empezando a torcerse. Aunque claro, puede que eso sólo fuera así para mí. 
De repente empezaron a besarse. ¿Qué coño estaban haciendo? Sid ya no la quería, ¡había terminado con ella, joder! ¡Me había dicho que me quería! ¿¡Qué coño estaba haciendo!? 
Volteé para dejar de ver tan repulsiva imagen, tiré con furia el cigarrillo al suelo y lo pisoteé con fuerza. Respiré profundamente con los ojos desbocados para tratar de tranquilizarme. Pese a lo ocurrido estas semanas, yo no soy de meterme en peleas. Mi violencia es más mental que física. Y, además, me daba igual. Pese a que mi pecho me escociera ante tal escena, había decidido ignorar mis sentimientos. Ese gilipollas podía hacer lo que quisiera con su igual de gilipollas y asquerosa novia. Entré de nuevo al local dispuesto a beberme otra pinta, disculparme con Steve y Paul y concretar el tema de la grabación del día siguiente.

Sin embargo no pude encontrar a esos dos capullos. Anduve por el local, harto, hasta encontrar una puerta cerrada por la cual se filtraba una luz rojiza. Había un travesti custodiando la puerta. Cuando me vio mirándola pareció reconocerme.
-Oye, tú eres el de los Sex Pistols, ¿no? Me encanta tu grupo. Tus colegas están dentro. Ahí hay buena droga, pasa.-Acto seguido me abrió la puerta. Entré sin vacilar, ya que tenía que encontrar a aquellos dos. Además, me había prometido buena mierda, y pese a que todo lo que quería era irme a casa, esa invitación se me hizo apetecible al momento, con la furia que estaba sintiendo, de nuevo necesitaba evadirme de esas emociones.
Entré para encontrar a Paul y Steve metiéndose más rayas, me senté a su lado, bebiendo de un vaso que había por la destartalada mesa de café, importándome una mierda su contenido. Sólo quería tener la mente en blanco, y cuanto más durara, mejor. 
Poco después de entrar yo, entró Sid, con pintalabios rojo por toda la cara. Me dirigió una mirada con una mezcla de confusión y disculpa. Giré la cara y procedí a meterme una raya.
-Hola tíos. He traído un poco de caballo.
Genial. Además traía de su mierda. Seguro que esa zorra se lo habría dado como regalo de reconciliación.
-Nadie quiere esa puta mierda excepto tú, imbécil.-Espeté sin pensármelo mucho. Pude ver cómo me miraba con duda, pretendió acercarse a mí pero me levanté del mugriento sofá para sentarme lejos. Captó la indirecta y procedió a quemar la heroína para inyectarse. El resto de la banda y yo nos miramos con un gesto de cansancio ante las tendencias de nuestro "bajista".
-Johnny, ¿Podemos hablar?- Dijo entonces Sid, con la aguja aún metida en el brazo.
-Claro. Tenemos que hablar de lo inútil que eres. Más vale que te pongas con el bajo en serio. Mañana tenemos grabación, y no echamos a Glenn para meterte a ti y que el grupo se vaya a la mierda.
Se quedó callado, con los ojos como platos, mirándome sorprendido, como analizándome.
-¿Estás bien?-Me preguntó. 
No le respondí. Pasé el resto de la noche ignorando a Sid, haciendo el capullo con Steve y Paul, metiéndome más mierda. No se cuánto pasó hasta que la gente empezó a irse, Paul se durmió en una butaca, Steve había desaparecido y Sid hacía rato que estaba roncando en el sofá. Mi cabeza me daba vueltas, pero ahora que el silencio se había apoderado de la sala todos los pensamientos volvieron a mí. Empecé a recordar de nuevo todo lo vivido con Sid, hasta el mismísimo momento en que le vi comiéndole la boca fuera del local a Nancy. Maldito bastardo. Sabía que no sentía nada por mí. No se ni de qué me sorprendía, sólo habíamos estado haciendo el capullo. ¿Y para qué? ¿Para casi perder la banda? ¿Para comerme la cabeza por ese gilipollas que no sabía hacer nada correctamente? Menuda gilipollez. Me ardía el pecho y de nuevo pensaba en el tacto de Sid, y en el roce de sus labios con los míos. Me estaba volviendo loco, no podía dejar de observar su largo y escuálido cuerpo tumbado en ese asqueroso sofá. Cuando me di cuenta estaba cogiendo la heroína que había dejado en la mesita, planteándome si pincharme para callar mi cabeza de una puta vez. Estaba hasta los cojones. No podía seguir así. Mi corazón estaba desbocado sólo con pensar en él, mi cuerpo sudaba y mi cabeza daba vueltas. Deseaba tenerle entre mis brazos, abrazarle, acariciarle, y tomar todo su ser. Pero había decidido que eso se había acabado, como yo, que estaba para el arrastre. Nunca antes me había pinchado heroína, odiaba esa mierda, pero en esos momentos no pensaba con claridad, solo tenía clara una cosa; quería acabar con todo aquello. Preparé el material y procedí a pincharme con la misma aguja con la que se pinchó Sid. No estaba seguro de qué coño estaba haciendo, pero ya estaba harto de pensar. No se ni cuánto me había metido, y me daba asco a mí mismo por llegar a eso. Pero no podía aguantar más esta tortura mental y emocional. Necesitaba entrar en el vacío. Y en el vacío entré. 
De repente la paz se apoderó de mi cuerpo. Me tumbé como pude al lado del sofá, tapándome con una zarrapastrosa manta, mientras mi cuerpo temblaba y mi mente se nublaba. Lo último que alcancé ver fue la imagen de Sid con sus castaños ojos sobre los míos. Joder, ni en esas podía librarme de él. Y de repente, la nada. Perdí la consciencia.
Todo se tornó blanco. Sentía cómo lo poco que me quedaba de consciencia salía de mi ser para abandonarme completamente. No se cuánto tiempo estuve flotando en la nada hasta que un zarandeo levemente devolvió parte de esa consciencia a mi ser. Era Sid. Estaba llorando, me tenía abrazado y estaba gritando algo. 
-Johnny, hijo de puta, no me dejes solo... No me dejes solo, por favor... Quédate a mi lado...
¿Solo? ¿Qué cojones estaba pasando? No conseguía recordar nada. Mi cabeza iba a estallar y no sentía ni un milímetro de mi cuerpo. Sólo sabía que Sid estaba ahí conmigo, pidiéndome que me quedara a su lado, y, joder, qué apetecible sonaba esa petición. Con las pocas fuerzas que me quedaban alcancé a responderle entrecortacamente mientras trataba de abrir los ojos.
-Yo... siempre... a... tu... lado... bastardo...

Lo último que recuerdo son los ojos de Sid, llenos de lágrimas, y el sonido de una sirena de ambulancia.