Johnny's POV
Mi cuerpo temblaba en la sala de ensayo, ante la atenta mirada de mis compañeros. Sid había salido, con furia en sus ojos, me sentí aliviado al ver que por fin se enfrentaba el a sus problemas, pero a la vez me preocupaba que pudiera salir perjudicado de su venganza. No tenía ni idea de qué era capaz de hacer, de los dos, él siempre había sido el más pacífico... Entonces sentí un estremecimiento en el pecho, y supe que algo iba mal. Salí corriendo y me encontré a Nancy inconsciente en el suelo, y a Sid propinándole una paliza increíble, la mirada perdida, parecía una marioneta llevada por el mismísimo demonio. Pese a que era ella la que estaba tirada en el suelo inconsciente, era él el que había perdido la cabeza. Por completo. Me quedé petrificado unos segundos hasta que reaccioné. "Va a matarla", pensé. Entonces le cogí por detrás y lo aparté de ella. Intentó deshacerse de mi agarre, pero era tal la rabia que le impulsaba que sólo alcanzaba a responderme con temblores involuntarios. Su mandíbula se movía desbocada como si se tratara de una reacción al frío, su cara estaba sonrojada, cayó redondo en mis brazos, y antes de cerrar sus ojos posó su vacía mirada en los míos.
Empezaba a atardecer y eso solo podía significar una cosa; iba a helar. No podía dejar a Sid ahí tirado, y muy a mi pesar, tampoco a Nancy.
Llamé con un grito a los chicos, y me ayudaron a meterlos a ambos en la sala. Pasados unos minutos se fueron, indignados, diciéndome que era mi responsabilidad, y que hasta que no arregláramos nuestros problemas, no habría más ensayos. Nancy fue la primera en despertar. Tenía la cara reventada y le costaba moverse, en cuanto recuperó la consciencia se puso a llorar como una loca. Recurrió a mis brazos para buscar consuelo, y yo, que no sabía qué hacer con esa situación, la acogí en mi abrazo. Cuando se calmó le dije que perdonara a Sid, porque no sabía qué hacía, pero que muy a su pesar debía dejarle, porque sólo le traía problemas y también a sí misma, y que ya era hora de que dejara esta tontería y encontrara a alguien bueno para ella. Ella sólo asintió, temblando. Me dio las gracias y me dijo lo que pareció ser un adiós definitivo, no sin antes pedirme que le dijera a Sid que le quiere. Pero eso último no pensaba decirlo... porque en cuanto esas palabras salieron de su boca sentí como si me dieran una patada en el pecho. Cerró la puerta tras de sí y yo me senté en el maltrecho sofá de la sala y me encendí un cigarro. Curvé mi cuerpo hacia delante, apoyando los codos en mis piernas y mi cabeza en mis manos. Me froté la frente, agotado y asustado, y empecé a pensar que tal vez por mi culpa había separado a dos personas que, aunque yo no sepa sentirlo, sentían de verdad lo que se llama amor. Empecé a pensar que yo era el culpable de todos los males y el dolor de Sid, y también del de Nancy, porque por muy gilipollas que fuera, era una incomprendida como todos nosotros, y también tenía sentimientos... Por más que le jodiera la vida a Sid yo sé que en algún momento de su vida él la quiso, y yo no era quién para juzgar su relación. Sin embargo desde que empecé a sentir lo que fuera que sentía por Sid me desviví por separarlos, tan solo por el nudo que se me formaba en la garganta cada vez que los veía juntos. Y eso era muy egoísta, egoísta y asqueroso. Noté cómo me picaban los ojos y se llenaban de lágrimas, mi labio inferior temblaba, y mi cuerpo se calentaba con el calor del dolor. Me sentía mal conmigo mismo, le traje problemas al grupo, le traje problemas a esa yankee, y sobretodo le traje problemas al causante de los míos... No entendía cómo pude haber llegado a eso. Él podía cometer errores, pero siempre fue y siempre será mi mejor amigo... Sin embargo yo, le involucro en los míos... ¿Por qué tenía que ser así? Miré de reojo la figura destrozada de Sid, que descansaba en el sofá de al lado. Me levanté con las fuerzas que me quedaban y me arrodillé a su lado. Miré su cara, aún tenía los estragos de mi paliza. Respiraba con dificultad, parecía agitado, sin embargo su semblante dormido transmitía tanta paz... Hasta ahora todo lo que me había preocupado era mi grupo, mi única manera de demostrar lo que pienso y siento sobre esta sociedad, podía abrir mentes, hacer ver lo que yo veía a la gente, y romper esquemas. Pero desde hacía un tiempo había algo más que me preocupaba, algo totalmente nuevo para mí y que para mi sorpresa había roto mis propios esquemas. Así como estaba muy bien informado acerca de mis protestas, no tenía ni idea de lo que ese nuevo sentimiento era. Me enloquecía, me contradecía y me ponía de los nervios. Pero mis propios sueños, reflejo del subconsciente, y mi propio lenguaje corporal me delataban. Yo sabía perfectamente lo que sentía, y quién era el culpable, pero en mi intento de protegerle y ocultarlo no hice más que traer problemas. No sabía si eso que crecía a pasos agigantados en mi interior era el susodicho amor, pero desde luego estaba seguro de que no era algo que hubiera sentido antes, y también estaba seguro de que por más que no quisiera, nublaba mis sentidos y ocupaba mis pensamientos más de lo que desearía. Me hacía sentir débil e inútil, como toda esa gente que va por la calle con sus parejas y no saben hacer más que hablar del amor. Me daba asco. Me repugnaba. Pero a la vez, cada vez que parecía ser correspondido, me sentía bien, demasiado bien... Y era precisamente eso lo que me desagradaba, que por un momento entendía a esa gentuza que sólo sabe hablar de felicidad y amor verdadero. Aunque estaba claro que sentía algo más que amistad hacia Sid (fuera lo que fuera), no estaba seguro del todo de que él sintiera lo mismo. Y eso me jodía aún más. Porque se había presentado en mi casa incluso después de que le pegara una paliza. Porque durmió abrazado a mí toda una noche. Porque me besó, e incluso me tocó en lugares donde no dejo que me toque ni una mujer... Pero, tal vez el no lo tenía tan claro como yo. Tal vez era porque por lo que yo sentía le hice creer que él no quería a Nancy y sentía lo mismo por mí. Al fin y al cabo Sid es una persona muy influenciable, y eso me cabreaba aún más, porque seguro que le había confundido, y no quería interferir en su vida amorosa si es que ese tipo de vida es tan real como dicen... Yo lo tenía claro, algo raro sentía por él, los ideales que yo defendía ya se habían hundido, me había convertido en otro más, preso de los sentimientos y preocupado únicamente en ellos, dejando que ese sentimiento en particular controlara mis acciones y jodiéndolo todo. Ya no podía evitar sentirme fracasado, pero no pensaba dejar que los ideales de Sid se hundieran conmigo. Debía desaparecer. De todos modos, con todos mis pensamientos contradictorios yo ya no era un líder digno de un grupo como los Sex Pistols. Así que esperaba que no fuera demasiado tarde para Sid, esperaba y deseaba con todas mis fuerzas no haberle jodido también eso, y que pudiera sacar ese grupo que sería la llave a un mundo nuevo hacia adelante, sin mí, sin sentimientos, sólo defendiendo una idea que abriría los ojos del mundo entero. En ese momento le pasé mis esperanzas perdidas a él, pues yo ya no merecía ese privilegio. Y a modo de demostrarlo, me acerqué a su fría cara, acaricié su mejilla suavemente mientras una lágrima caía por la mía y le besé, rindiendome por fin ante los sentimientos que años atrás prometí no tener nunca, y menos por un hombre. Pero ese último beso no fue cálido como los anteriores, fue frío, pues significaba un adiós. Mientras mis labios acariciaban los suyos, notaba mi cuerpo temblar, y ese nudo en la garganta volvió, pero sería por última vez. Noté un hormigueo en mis manos y cómo mi corazón había olvidado cómo se latía. Se paró el tiempo por un momento, el momento en que apreté mis labios con más fuerza, acariciando finalmente su labio inferior mientras me apartaba lentamente de su boca, vacío por dentro, sin sentir si quiera el ritmo de mi corazón. En cuanto me puse de pie sonó un rayo, y se desató una tremenda tormenta. Cogí mi chupa, me la puse y me encendí otro cigarrillo, que se desharía con la lluvia como mi felicidad se había deshecho. Mientras me dirigía hacia la puerta oí a Sid decir mi nombre, dormido.
-"¿Johnny?"
Me giré, y vi que había alzado un poco la cabeza observándome desde el sofá, tocándose con una mano los labios, y con cara de desorientación a causa del sueño.
Le dediqué una sonrisa de medio lado, y retomé mi camino hacia la puerta. En cuanto la cerré detrás de mí le oí gritar desesperado mi nombre. Se me partió el corazón, y dejé caer mis lágrimas, que se camuflaban con la lluvia. Caminé tranquilamente por las calles que habían visto lo mejor de mí mismo por tantos años, y que ahora veían un John totalmente diferente, un John que había perdido todo lo que esas viejas paredes habían conocido de él, pero que por lo visto ni yo mismo había conocido del todo. Ya no era yo mismo. Ahora me guiaba mi corazón, y no podía hacer nada por evitarlo, al fin y al cabo Sid caló hondo en mi ser, a su lado viví mis mejores experiencias, con el grupo, con las fiestas, como amigos... él era mi hermano, mi confidente, y muy a mi pesar, ahora era a quien amaba. Al final resulté estar equivocado al pensar que los sentimientos se podían controlar. Él y yo compartíamos algo más profundo que una amistad, siempre fue así, por eso gritó al ver que me iba, porque me conoce como nadie, y sé de sobra que sabe que no voy a volver... Y así es, estoy tomando este camino allá donde me lleven mis pasos, pero no pienso volver a este lugar. Ha sido una experiencia increíble, una infancia un poco dura y una adolescencia llena de rebeldía, me siento orgulloso, pero ya no pertenezco aquí, y no pienso permitir que Sid termine como yo...
-Cat-

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